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EXTRATERRESTRES, ¿MITO, LEYENDA, FALSEDAD O REALIDAD?

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domingo, 21 de noviembre de 2010

SALIDOS DE LA NADA: OBJETOS IMPOSIBLES - Autor: Scott Corrales - Publicado en: MUNDOMISTERIOSO.COM

Los entusiastas de la ciencia-ficción y la fantasía tal vez tengan buenos recuerdos de la película animada Heavy Metal, producción estadounidense de 1981 basada en el cómic francés Metal Hurlant. Las distintas historietas plasmadas en celuloide tienen como punto en común una extraña bola verde conocida como el Loc-Nar, cuyos nefastos poderes influyen en distintas dimensiones en el tiempo y el espacio. El largometraje comienza con el descubrimiento del objeto redondo y resplandeciente en una cantera, seguida por su efecto destructor sobre los seres humanos.

Interesante obra de ficción, pero, ¿existen casos parecidos en la vida real?

Hace algunos años la revista rusa Aura-Z publicó un artículo por el investigador ruso Vladimir Rubtsov acerca de un hallazgo de alta extrañeza: un artefacto misterioso conocido únicamente por el apelativo "la bola negra" y cuyo origen era supuestamente extraterrestre. La esfera había sido sometida a la consideración de especialistas de gran prestigio de la Academia Rusa de Ciencias, el Instituto de Ingeniería Física de Moscú, y la Asociación Industrial y Científica Soyuz.

El descubrimiento del aparato fue producto de un accidente afortunado. En 1975, durante la realización de excavaciones rutinarias en una cantera en el sur de la Ucrania, los obreros dieron con el objeto a una profundidad de 8 metros. Uno de los trabajadores quedó sorprendido por la configuración casi perfecta del objeto y la extrajo, llevándola a su hogar como una novedad para su hijo.

Con el paso del tiempo, la capa de arcilla que cubría el objeto comenzó a desmoronarse, revelando una esfera de consistencia parecida a la obsidiana. Un maestro llevó la extraña formación al museo comarcal, en dónde permaneció por muchos años antes de llegar a las manos de Boris Naumenko, académico adjunto al Instituto de Ciencias Terrestres. Naumenko y sus colegas habían oído relatos sobre el supuesto origen "extraterrestre" del objeto y sus poderes "psíquicos", así que se lanzaron a realizar una investigación científica del objeto para averiguar su composición y origen.

Las pruebas iniciales ensayadas sobre la "bola negra" revelaron que pesaba entre cuatrocientos y seiscientos gramos, tenían un diámetro de 18 pulgadas, y estaba revestida de una capa amarillenta de depósitos varios. No fue posible determinar su edad, aunque el descubrimiento se había producido en una capa de arcilla de diez millones de años de edad, tomando en cuenta la posibilidad de que el objeto pudo haber sido depositado allí posteriormente. Sin embargo, resultó posible estimar que las partículas que rodeaban el objeto tenían varios millones de años de edad

El investigador Rubtsov pasa a decir en su artículo que se practicaron varias radiografías al objeto y se descubrió que tenía un núcleo cuya densidad era menor que cero. La superficie vidriosa del objeto no guardaba parecido alguno con las sustancia vítreas conocidas, y la antigüedad del objeto eliminaba la posibilidad de que el objeto fuese manufacturado por civilizaciones humanas.

Y si resultaba cierto que el objeto era artificial, representaba la tecnología de una sociedad no humana y posiblemente extraplanetaria. La masa negativa del núcleo del objeto llevó a varios sabios a pensar que se trataba de un envase que contenía antimateria: parte del sistema de propulsión de una posible astronave. Rubstov comenta que la única manera de determinar el contenido del objeto era perforándolo, con resultados que bien pudieran ser catastróficos.

Parecería ser que otros objetos extraños (conocidos en inglés como OOPARTS, out-of-place-objects u objetos fuera de sitio en el lenguaje de la investigación forteana) también fueron descubiertos en la antigua Unión Soviética. En 1993, se encontró un objeto de forma espiral en una mina de los Urales. Las pruebas metalúrgicas comprobaron que se trataba de un artefacto hecho de wolframio y molibdeno y cuya edad podía fecharse entre veinte mil y trescientos mil años de edad.

La extraña bola de la familia Betz
Pero mucho antes de que se descubrieran objetos extraños en Eurasia, una familia en la ciudad de Jacksonville (Florida, EE UU) había descubierto un artefacto que desafió todos los intentos realizados por clasificarla.

Según una noticia de Prensa Asociada del 12 de abril de 1974, Antoine Betz y su esposa Gerri encontraron un objeto de forma esférica que pesaba unos 9 kilogramos y cuyas dimensiones eran menores que las de una bola de jugar a los bolos. El extraño artefacto parecía estar hecho de un metal altamente pulido y fue hallado justo en medio del patio delantero de la casa de los Betz.

La "bola Betz", como se le llegaría a conocer, era capaz de realizar proezas verdaderamente asombrosas, como rodar hacia un lugar determinado por su propia cuenta y regresar a la persona que la había hecho rodar; vibraba y zumbaba como respuesta a los acordes de una guitarra. El interés por la esfera la convirtió en la sensación del momento, llegando a atraer la curiosidad de la Marina de Guerra de EE UU, que la pidió prestada a los Betz para someterla a una serie de pruebas. Los escépticos no demoraron en presentarse, alegando que la milagrosa esfera de metal no era más que una válvula de retención de una fábrica de papel, y la curiosidad del público se extinguió después de dicha aseveración.

Sin embargo, el investigador Bill Baker llegó a establecer que la "bola Betz" era tan increíble como se había pensado originalmente. Presentando los datos producidos por las pruebas oficiales, Baker comprobó que el objeto parecía albergar cuatro objetos distintos en su interior y que contaba con tres polos magnéticos no lineales: una anomalía científica. Si se le golpeaba con un martillo, el objeto producía sonidos como una campana; si se le colocaba sobre una mesa de vidrio, el objeto parecía ir "en busca" de la orilla de la mesa para luego alejarse de ella; si se inclinaba la superficie de vidrio, el objeto se desplazaba -asombrosamente- en el sentido contrario. La especulación sobre la verdadera naturaleza del objeto misterioso iba desde una sonda alienígena hasta un dispositivo antigravitatorio extraído de un OVNI derribado.

El "fichero de delincuentes" de los objetos extraños
Los objetos artificiales de alta extrañeza como la "bola negra" en Rusia o la "bola Betz" difícilmente pueden considerarse como únicos en su clase. Se tratan, sencillamente, de añadiduras modernas a una colección de dispositivos de alta extrañeza que han sembrado la superficie de nuestro mundo durante siglos. Después de su descubrimiento, estos objetos son analizados, escudriñados y evaluados antes de caer en el olvido, o desaparecer por completo, a menudo de manera extraña.

El más famoso -y controvertido- de ellos lo es, sin duda, el cubo de Gurlt.

Este cubo o paralelepípedo de color plomizo, con caras ligeramente convexas, se descubrió en una veta carbonífera en Austria en 1865 cuya edad era de varios millones de años. Los estudiosos alemanes y austriacos que examinaron el dispositivo no dudaron que era artificial ni que había sido depositado en la veta en épocas más recientes. Cuando no fue posible adelantar los estudios sobre el objeto, el cubo (bautizado con el nombre de uno de los investigadores, el Dr. Gurlt) fue puesto a la vista del público en el museo de Salzburgo.

Algunos científicos opinaron que el objeto, hecho de acero al carbón, era de origen meteorítico y que había sido "reprocesado" hasta alcanzar su forma cúbica, dejando sin contestar la interrogante más significativa: ¿qué o quién era capaz de reprocesar metales durante la era de los dinosaurios?

El extraño objeto aparentemente fue destruido durante el bombardeo de Salzburgo en la Segunda Guerra Mundial, pero cuando un periodista ruso visitó el museo de dicha ciudad en la década de los años 70 con miras a escribir una nota sobre el objeto anómalo, el conservador del museo le informó que "no existían pruebas normales" sobre la existencia del objeto: se habían perdido todos los archivos del museo desde 1880 hasta 1910. El periodista tachó el cubo de Gurlt de fraude, y así se le considera como tal hasta el día de hoy.

Aunque resulta conveniente para todas las partes en el asunto descartar el artefacto como fraudulento, el fallecido autor francés Jacques Bergier, escribió sobre estos objetos detenidamente en su obra Las visitas extraterrestres desde el pasado prehistórico hasta el presente (Signet, 1975). Bergier sugirió que los artefactos anómalos representaban los sofisticados métodos de recopilación de datos de una civilización extrahumana, agregando que tales objetos serían capaces de albergar una gran cantidad de informacion mediante el grabado en los átomos de hierro. Bergier consideraba que un cubo o cilindro con las dimensiones del desaparecido objeto estudiado por Gurlt podría contener diez millones de años en datos, añadiendo que radiaciones sutiles invisibles a nuestra tecnología podrían "alimentar" dichos objetos hasta ser recuperados por sus dueños... quienesquiera que sean.

Pero el peso de la carga no descansa sobre el desaparecido cubo de Gurlt. Las selvas centroamericanas, por ejemplo, albergan enormes esferas de piedra cuyo propósito se desconoce, a pesar de numerosas teorías que las caracterizan como representaciones de sistemas solares extraterrestres, dispositivos de recaudación de energía y otras posibilidades.

Si estos enigmáticos objetos representan la evidencia más concreta de una presencia extraterrestre en el planeta Tierra, sería posible entonces sugerir que la misión de muchos de los "aterrizajes de OVNIs" consiste en recuperar tales dispositivos de recolección de datos, que habrían sido depositados, lógicamente, en lugares de acceso difícil o dónde la civilización humana aún no habría llegado. Sin embargo, los escépticos se quejarían que de ser así, seguramente sería posible coger desapercibido a un alienígena con las manos en la masa, por así decirlo.

Lo místico y lo mágico
Los lectores del Ciclo de Cthulu del autor H. P. Lovecraft estarán familiarizados con sus referencias a los castillos asiáticos dibujados por Nicolás Roerich. Se hace mención varias veces de artista y explorador ruso en la obra de Lovecraft, a menudo en conexión con lugares "malditos" en el espeluznante universo del escritor estadounidense, tales como las planicies de Leng y la ciudad de Kadath. Pero, ¿quién fué Nicolás Roerich, y por qué se vieron turbados los sueños del máximo autor de horror en EE UU por su arte?

Es una verdadera lástima que la obra de Roerich no sea muy conocida por el público actual. Roerich encarnaba al "hombre renacentista", siendo no sólo un pintor de paisajes exóticos sino también diseñador de decorados y vestuarios para el ballet ruso, especialmente los Ritos de la primavera de Igor Stravinsky. Pero más que nada, Roerich era un místico: sus viajes a lo largo de las Himalayas hasta el Tíbet en pos de conocimientos avanzados e inspiración espiritual fueron plasmados en obras tales como Altai-Himalaya (1929) y Shambhala (1930).

Fue durante sus viajes en esta parte del mundo que Roerich supuestamente entró en contacto con las logias budistas fieles al "Rey del Mundo", una figura considerada por muchos como el regente del destino de la Tierra desde Agharti, su reino subterráneo. Este gran señor planetario ha sido equiparado por algunas fuentes con los oyarsas, o gobernantes angelicales de cada planeta, postulados por C. S. Lewis (el contertulio de J. R. R. Tolkien) en su obra Out of the Silent Planet. Y fue precisamente aquí, en esta enigmática parte de nuestro mundo, en dónde se le confió a Roerich un artefacto sumamente curioso.

Dicho artefacto, un fragmento de piedra radiante del tamaño de un dedo humano, posiblemente inscrito con cuatro símbolos parecidos a runas, fue conocido como el "Regalo de Orión" y se trata, supuestamente, de un casco de piedra de otro mundo. La piedra principal descansa en una de las altas torres de Shambhala, la capital del "Rey del Mundo", desde dónde su benigna radiación ejerce influencia sobre los eventos que ocurren en la superficie.

Uno de los cuadros de Roerich, conocido como Chintamani, representa un potro que lleva a cuestas un baúl ornamentado: se dice que en este baúl viajaba el fragmento de las estrellas. Las órdenes impartidas a Roerich por los "jefes secretos" consistían, supuestamente, en transportar el fragmento a Europa, donde jugó un papel crítico en la formación de la Liga de las Naciones. Después de eso, el místico ruso devolvió el fragmento milagroso a sus dueños, tal vez hasta la misma Shambhala, aunque Roerich jamás alegó haber visitado dicho mundo desconocido.

El aceptar las apariencias de este relato representa un salto en el vacío que muchos no están dispuestos a realizar. Aún así, el relato cuadra con la creencia en la llegada de objetos extraños provenientes de otros lugares, imbuídos de fuerzas positivas o negativas, y que aparecen una y otra vez en las tradiciones de nuestro mundo. ¿Corresponderá el "Regalo de Orión" a la misma categoría que la misteriosa esfera rusa y la "bola Betz"?

En busca del mayor de los artefactos misteriosos
El astrónomo escocés Duncan Lunan comenta en su libro Interstellar Contact (Bantam,1974), que cuando los obreros del califa egipcio Al-Mamún consiguieron irrumpir en la Gran Pirámide de Keops en el año 800 de nuestra era, se sorprendieron al descubrir que el gran sarcófago en la Cámara del Rey no tenía tapa, aunque había sido diseñada para portar una. Los profanadores de tumbas se quedaron atónitos al descubrir "un pozo" no muy lejos del punto en que lograron forzar la entrada al pasadizo ascendente que conduce a la Cámara del Rey.

"La parte superior del pozo", escribe Lunan, "había sido sellada originalmente, pero en algún momento, se le abrió desde abajo con suficiente fuerza como para dañar el muro adyacente, como si se hubiera hecho uso de explosivos". El autor sugiere la posibilidad de que si la pirámide de Keops efectivamente fue profanada por desconocidos que hicieron uso de dicha ruta, resulta factible que se hayan llevado la tapa del sarcófago de diorita, que portaba "un archivo computarizado que conservaba la pirámide". Lunan agrega que estos desconocidos sabían exactamente a dónde dirigirse, y que sellaron la pirámide después de salir, "como si jamás hubiera sido profanada".

Algunos podrán creer que el destacado astrónomo pudo haberse dejado llevar por sus propias especulaciones en este caso, pero tanto estudiosos como arqueólogos y esotéricos se han preguntado sobre el propósito del enigmático sarcófago de diorita que ocupa el centro de la Cámara del Rey. Todas las partes -tanto conservadores como librepensadores- concuerdan en que jamás se le utilizó como la sepultura de un faraón olvidado, ya fuese Keops o algún otro. ¿Qué objeto pudo haberse colocado, con devoción y reverencia, dentro del sarcófago de diorita? ¿Qué objeto sin nombre merecía ser consagrado de tal modo en los albores de la civilización humana?

En su obra maestra, La octava torre, John Keel sugiere la posibilidad de que la Gran Pirámide y la enigmática cámara con el sarcófago de diorita pudieron haber sido utilizadas para albergar un artefacto de origen sobrenatural, tal vez el Arca de la Alianza o hasta el misterioso fragmento de piedra meteorítica conservado en la Kaaba en La Meca. De ser así, bien pudiera ser que estuviésemos de cara al más importante de los artefactos misteriosos: un dispositivo multimilenario colocado por una civilización extrahumana o parahumana para vigilar el progreso de la recién nacida humanidad, o influenciar el desarrollo de nuestra especie en formas insospechadas.

La perspectiva de Keel sobre el asunto no es tan benigna. La "octava torre" que sirve de título a su obra es "una especie de cápsula de tiempo electrónica, que sigue funcionando sin sentido ni propósito después de millones de años", plagándonos con fenómenos parafísicos como los OVNI y seres extraños, y tal vez rigiendo las oleadas de locura que afectan a la humanidad siglo tras siglo.

¿Resulta posible combinar las teorías de Lunan con las de Keel? Si alguien profanó la Gran Pirámide en algún momento de la antigüedad, con pleno conocimiento de lo que se albergaba adentro, y lo extrajo, ¿dónde está ahora? Si el mayor de todos los "objetos fuera de sitio" resulta ser el superordenador paranormal plasmado en los escritos de Keel, ¿cuál sería su paradero actual?

El sendero de la especulación nos invita a proseguir: existe la posibilidad de que la misteriosa piedra negra conocida como la Kaaba, venerada en Arabia Saudita hasta el día de hoy por mil millones de musulmanes, sea el objeto en cuestión. También podría ser el enigmático cubo de Gurlt, que desapareció de manera oportuna durante la confusión de un bombardeo aéreo. El objeto puede estar oculto en cualquier parte del mundo, custodiado por una "hermandad" dedicada a protegerla contra los profanos. El mismo Duncan Lunan ofrece la posibilidad de que los seres extraños descritos por el profeta Ezequiel alrededor del 600 a.C. formaban parte de una misión de rescate espacial encargada de recuperar el objeto. La verdad del asunto casi seguramente será más extraña que la ficción.

Tan sutil como un árbol volador
Resulta difícil categorizar un árbol como artefacto, y hasta el relato de un árbol fuera de sitio se escapa a las miras de este trabajo. Sin embargo, el grado de "fuereza de sitio" (si se me permite la expresión) de este fenómeno desafía la categorización.

El incidente en cuestión, que nos hiciera llegar el colega Dr. Óscar Padilla Lara, se produjo el Jueves Santo del año 1985 en el Cerro del Tablón, situado en la población guatemalteca de Barcenas, municipio de Villa Nueva. A eso de las 11 a.m., Andelino Hernández y Miguel Aguilera ocupaban un puesto de radio de emergencia en la cima del Cerro del Tablón, coordinando las operaciones de varios equipos enfrascados en labores de rescate.

Aguilera se apercibió de "un número de puntos pequeños" que volaban en círculo a una altura considerable. A través de un par de prismáticos, quedó sorprendido al ver que los puntos en cuestión eran de hecho azacuanes, buitres de la ruralía guatemalteca. Tal era el número de buitres que resultaba imposible contarlos. Pero más sorprendente aún era un objeto cilíndrico a mayor altura, aparentemente en el centro de la circunferencia formada por las aves de rapiña.

Aguzando los ojos al máximo, Aguilera emitió un grito sofocado. El objeto cilíndrico, cada vez más claramente definido en las lentes de los prismáticos, se acercaba de forma amenazante. Se trataba del enorme tronco de un árbol que lanzaba fuego por las raíces.

El atónito espectador informó a su compañero que un enorme árbol en llamas se dirigía justo hacia ellos. El otro hombre pensó que su amigo bromeaba hasta que miró por los prismáticos. Según el testimonio de Aguilera, tanto él como su compañero se sintieron anegados de temor en lo que el tronco en llamas -visible ahora a simple vista, y dejando una estela de humo negro a su paso- alcanzaba su velocidad de llegada. El proyectil de madera se dirigía nítidamente hacia la desguarecida colina, y no había escape.

De repente, una fuerza invisible se adueñó del objeto para frenar su alocado descenso. "Era como si una mano invisible lo guiara... permaneció inmóvil por algunos segundos, y fue a caer en un barranco no muy lejos de nuestro campamento," informa el testimonio.

A estas alturas, más trabajadores de rescate se habían unido a los dos operadores de radio y se realizó una misión de búsqueda hacia el supuesto lugar de impacto. La inspección cercana reveló que el tronco del arbol era verdaderamente enorme (cinco metros en diámetro) y que el árbol tenía restos de hierba, tierra y follaje envueltos alrededor de sus raíces, que seguían ardiendo. Este hecho convirtió la misión en una operación improvisada de lucha contra incendios para evitar una conflagración general. La pregunta sin respuesta para los trabajadores de rescate era, obviamente, de dónde pudo haber venido semejante objeto.

Aguilera especuló que la "levitación electromagnética" producida por el paso de un OVNI (se habían producido avistamientos en la zona) pudo haber creado un torbellino lo suficientemente poderoso como para arrancar el gran árbol de la tierra e incendiarlo con la "radiación" de la supuesta nave espacial. En vista del altísimo cociente de alta extrañeza del fenómeno, es posible que su teoría fuese tan buena como cualquier otra.

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