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miércoles, 24 de noviembre de 2010

ESTA NACIENDO UNA NUEVA CIVILIZACION - POR:Alvin y Heidi Toffler - Para LA NACION - Jueves 9 de agosto de 2001

Está naciendo una nueva civilización
Por Alvin y Heidi Toffler
Para LA NACION
Jueves 9 de agosto de 2001


LOS ANGELES.- Desde Seattle y Washington hasta Praga y Génova, los titulares describen manifestaciones de supuestos opositores a la globalización, y enfrentamientos violentos con la policía. Estos choques crecientes entre organizaciones gubernamentales y no gubernamentales no cesarán. Más bien se intensificarán, aunque los líderes mundiales se reúnan en lugares remotos y decline la violencia cara a cara.

Asistimos a las primeras etapas de una lucha histórica por el poder entre dos fuerzas carentes de verdadera legitimidad a ojos del mundo. Los gobiernos han fundado sus pretensiones de legitimidad en el derecho divino, la herencia, la necesidad de proteger el Estado, el respaldo papal, el reconocimiento de otros gobiernos presumiblemente legítimos o, en el caso de lo que llamamos con excesiva ligereza ?democracias?, las elecciones. Sin embargo, el presidente George W. Bush, líder del ?mundo libre?, asumió su cargo tras unas elecciones que muchos norteamericanos todavía insisten en calificar de ?robadas?. Y sucedió a un presidente sometido a juicio político, cuya legitimidad también fue cuestionada.

La crisis de legitimidad de los gobiernos en el mundo actual no se limita a los Estados Unidos ni es una mera cuestión de votos. Los gobiernos, incluso los elegidos, suelen ser tan impracticables, poco representativos, corruptos u obsoletos, que la desconfianza y el cinismo público van en aumento. En los países del Grupo de los Ocho, en que el pueblo tiene derecho al voto, la declinación de la concurrencia a las urnas subraya su desprecio por la clase política en general. Pero si bien, por un lado, se generaliza la pérdida de legitimidad de los gobiernos y los funcionarios elegidos, por el otro las organizaciones no gubernamentales nunca la tuvieron. Fuera de sus propios miembros, ¿quién eligió a Greenpeace para que recorriera el mundo interviniendo, con razón o sin ella, en todos los campos? Lo mismo podría decirse de Oxfam, la Cruz Roja, la Confederación Internacional de Sindicatos Libres o, ya que estamos, el Opus Dei o Falun Gong.

Poderes dispersos
Alrededor de 30.000 organizaciones operan hoy en un plano internacional o mundial, contra unas 3000 que había en 1975. Constituyen una fracción minúscula del número de las que solo actúan en el ámbito nacional o local. Por consiguiente, las que aparecen en actos de protesta como los de Seattle, Washington o Génova son una muestra ínfima, no representativa, del total mundial, que abarca desde federaciones deportivas, iglesias y gremios hasta asociaciones científicas, los Niños Exploradores y, para algunos, entidades de negocios como la Young Presidents? Organization.

Los gobiernos con memoria tienen todo el derecho de ser prudentes al tratar con ellas. Los países comunistas las prohibieron. En cuanto a los que aún las consideran ?izquierdistas? o ?anticapitalistas?, es bueno recordar que los católicos y sindicalistas polacos fundaron Solidaridad, paso inicial hacia el derrocamiento del régimen comunista.

En octubre de 1986, cuando Mikhail Gorbachov llevaba poco tiempo al frente de la Unión Soviética, nos reunimos durante una semana, con el conocimiento de la Casa Blanca, con un puñado de ciudadanos soviéticos y una docena de intelectuales de todo el mundo en una conferencia en Kirgistán. Firmamos un petitorio para que el gobierno soviético diera libertad absoluta de palabra, debate y disenso a sus intelectuales.

Al principio, los extranjeros no comprendimos por qué nuestros colegas soviéticos insistían tanto en que volviéramos a reunirnos y creáramos una organización permanente, ni por qué, luego de entrevistarnos con Gorbachov en Moscú, nuestras fotos y nuestro petitorio ocuparon la primera plana en todos los grandes diarios soviéticos y en la televisión nacional. No sabíamos que habíamos dado un paso político trascendental que más tarde habría de considerarse el segundo acontecimiento en las reformas de Gorbachov. Nuestro flamante Foro de Issy-Kul era la primera organización no gubernamental, ajena al Partido Comunista, que se había creado desde la Revolución Rusa de 1917. Hoy, en la Rusia postsoviética, florecen toda clase de entidades, desde Alcohólicos Anónimos hasta las Madres de Soldados de Novosibirsk.

Tal como se refleja en los medios, la lucha actual entre los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales se centra en la ?globalización?, consigna que, hoy por hoy, lo abarca todo, desde la mala distribución de la riqueza hasta la propagación de las enfermedades. Esto se debe, en parte, a que Wash-ington ha difundido la idea de que la globalización y la liberalización son inseparables y conducen inevitablemente a la democracia. De hecho, son separables. Y la fórmula no es automática: un país puede liberalizarse sin una globalización plena, o viceversa, y en ningún caso la democracia es un resultado seguro. Pese a sus propagandistas y a sus enemigos, el proceso de globalización sólo es un pequeño sector de un campo de batalla mucho más vasto en que los Estados-nación y las organizaciones no gubernamentales se disputan el poder.

Ahora reconocemos que el nacionalismo y el surgimiento del Estado-nación moderno fueron otros tantos productos de la Revolución Industrial. Sin duda, importantes, pero no en grado máximo. Del mismo modo, el globalismo es tan solo un aspecto de la nueva civilización que, en muchas partes del mundo, está desplazando a la civilización industrial de la misma manera en que ésta desplazó los estilos de vida fundamentalmente agrarios. Pasamos de las tecnologías cimentadas en la fuerza bruta a otras fundadas en la inteligencia y la biología. Este cambio transforma todo: desde la naturaleza del trabajo hasta la del capital, el dinero, los sistemas de pagos y la estructura empresarial. Nos lleva de la producción y los mercados masivos a una producción cada vez más adaptada a los micromercados. Nos acerca cada vez más a la producción y las transacciones en tiempo real. Modifica las relaciones entre empresas grandes y pequeñas, entre naciones avanzadas y rezagadas.

La globalización está vinculada, en forma inextricable aunque subordinada, a estos otros cambios de la Tercera Ola y su distribución mundial, sin ser necesariamente su causa. Se justifica hablar de una ?nueva civilización? para describir la emergente sociedad del mañana porque el fenómeno actual no es una mera cuestión tecnológica, económica o de fronteras nacionales. La ola de cambio prevaleciente también es sociocultural, religiosa y epistemológica, como lo fue la Revolución Industrial. Torna obsoletas nuestras escuelas y nuestros sistemas sanitario, legislativo y judicial. Afecta la estructura familiar, la duración de la vida, las relaciones entre hombres y mujeres. Cuestiona todo el legado de la Ilustración, con sus definiciones de la verdad, sus actitudes hacia la ciencia, el laicismo, el progreso, la lógica y la causalidad.

Los cambios vertiginosos y simultáneos en todas estas dimensiones interactúan conforme a pautas asombrosamente complejas de realimentación positiva y negativa, incertidumbre, necesidad y probabilidad. Al ir cobrando forma esta nueva civilización, los países con economías avanzadas intensifican su diversidad y complejidad internas y, en lo político, resultan más difíciles de gobernar.

El sistema emergente
Las entidades no gubernamentales son rápidas para señalar fallas en el orden sociopolítico vigente, que a veces atribuyen equivocadamente al nuevo orden. Otras veces, identifican problemas antes de que los líderes políticos y el público tomen conciencia de ellos. Con esto, cumplen un propósito vital. Pero, ya sean ?de izquierda? o ?de derecha?, términos de mínima relevancia en el sistema emergente, la amplia gama de grupos (y no solo los que protestan) también politizan una increíble variedad de cuestiones hasta ayer ajenas a la política, desde salvar especies desconocidas y apoyar o atacar la investigación de las células embrionarias hasta presionar en pro de normas mundiales de responsabilidad, intimidad, transparencia, etcétera.

Así, acumulan sobre los ya recargados escritorios de políticos escasos de tiempo interminables pedidos de decisiones inmediatas sobre temas oscuros y complejos, que aquellos conocen cada vez menos. Aun teniendo las mejores intenciones, el resultado inevitable es un deterioro de la toma de decisiones públicas, que a su vez aliena aún más al pueblo de unos gobiernos que se atribuyen una legitimidad basada en el voto.

Por consiguiente, en la lucha cada vez más enardecida entre gobiernos que están perdiendo rápidamente su legitimidad y organizaciones no gubernamentales que, en el mejor de los casos, solo poseen la que ellas mismas se atribuyen, no está en juego la globalización, sino el papel que desempeñarán unos y otras de cara a la competencia creciente de otros actores: las corporaciones globales, las religiones globales y, ni qué decir, las mafias globales. Lo que estamos viendo en este amanecer de una nueva civilización es tan solo la fase inicial de una lucha por el poder mundial.

(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)

Alvin y Heidi Toffler son autores de La tercera ola, El impacto del futuro y Cambio de poder , entre otras obras. Su consultora estratégica asesora a empresas y gobiernos.


ENLACE: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=326138

FUENTE: http://atlante-nachel-III.blog.com.es/

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